Blog de LunaNimac

EL LLANTO

La conmovió verlo llorar. Sin hipos o gemido alguno. Él solo la miraba fijamente aparentemente sin darse cuenta de las gotas transparentes que escapándose de sus ojos se deslizaban silenciosas sobre su rostro. Enternecida buscó un pañuelo y comenzó a secarle esas maravillosas lágrimas de cocodrilo.


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